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miércoles, 10 de junio de 2015

KAMBALECHE: CHARLAS ENTRE MUTANTES







EL ÉXODO HACIA UNA SUBJETIVIDAD DESCONOCIDA:

LA MENTE DIGITAL 


La invención de la escritura transformó la imaginación, el pensamiento, la forma de inventar historias, de hacer poesía y de entender las bellezas y los horrores del mundo, y creó sin duda nuevas perversiones y nuevas pasiones, y hasta formas antes desconocidas de lucidez y de locura, hace ahora unos seis mil años.

Después, hace hoy cinco y pico siglos, las relaciones del hombre con el presente, con el pasado y con el futuro, con la difusión del conocimiento y el acceso a la información y con las posibilidades de influencia e intervención en el orden social cambiaron otra vez del todo con la imprenta.

Y ahora estamos en un tercer proceso de metamorfosis radical del mundo conocido y de cada uno de nosotros.

Somos mutantes. 







El pensamiento acerca de la cultura actual y la vida en el mundo contemporáneo que propone este ciclo de charlas comienza esta noche con el debate acerca de la mutación de la mente, de la experiencia y del pensamiento en el sujeto actual. 

O sea, comienza pensando este pensamiento mutante en su inmediata actualidad y entre mutantes.









El que ya ha nacido en el mundo plenamente digital, es decir, hace menos de veinte años, tal vez no pueda observarse a sí mismo para percibir ninguna mutación, porque no tiene el contraste entre un antes y un después.

Pero el que ha nacido antes de eso sí puede observar esa mutación, que es la mutación de su mente, y, por lo tanto, la mutación de todo lo que uno mismo es como persona; puede observar las alteraciones de todos los procesos que forman su pensamiento y su subjetividad. 










Del breve pero singular y memorable ciclo de charlas 

KambaLeche, 

junio-agosto del 2013



domingo, 19 de abril de 2015

TU COOLTURAL DE HOY, II: TERTULIA LITERARIA

Este lunes en que por coincidencia fúnebre fallecieron Günter Grass y Eduardo Galeano, conversamos, por correo electrónico, chat o aprovechando –más coincidencias– encuentros, con algunos escritores en una tertulia transterritorial disparada por la pregunta: «Günter Grass y Eduardo Galeano han muerto hoy. Si tuvieras que elegir un solo libro de uno solo de ellos como el mejor y el más importante de todos, ¿cuál sería, y por qué?» Al leer sus respuestas, muy distintas entre sí, cada lector tendrá sus preferencias, pero podemos asegurarle que todas le dirán algo valioso



















TERTULIA LITERARIA


Miguel Méndez

Antes que nada, me parece bien recordar un diálogo entre Galeano y Saramago que escuché cuando un estudiante, en el Foro Social de Porto Alegre, Brasil, les preguntó qué pensaban del papel de la universidad en la sociedad. Coincidieron en que eran antiuniversidad y en que ninguno de los dos había pretendido nunca asistir a ella. Defendieron un pensamiento y una literatura antiacademicistas. Se definieron como proletarios de la escritura que habían tenido que trabajar como obreros antes de tener renombre. Y, dejando ahora a Saramago, en eso se parecían también Günter Grass y Galeano: ninguno fue a la universidad. Ambos trabajaron en oficios comunes, y creo importante resaltarlo, sobre todo en el caso de Galeano, que no fue un intelectual académico, ni un profesional de la investigación; tampoco un poeta... Pero sí, tal vez, un escritor que en los años 70 del siglo XX despertó la sensibilidad de muchos por las causas perdidas en Latinoamérica. Mi primer libro de Galeano fue El Libro de los Abrazos; luego alguno menor, y, alguna vez, Las venas abiertas. El que más me divirtió fue Fútbol a sol y sombra; Úselo y Tírelo me gustó, un librito que indaga en la cuestión ecológica, y bueno, Patas Arriba me sirvió para darme cuenta de cómo funcionan (al revés) las cosas en el mundo. Creo que lo más importante de Galeano es que, justamente por no tener una formación académica, ni de escritor, ni de periodista, su escritura hace navegar al lector por universos heterodoxos que no se terminan de cerrar ni en la poesía, ni en el relato histórico riguroso, ni en la crónica periodista, pero que nos hacen comulgar con sus ideas de justicia y libertad. Creo que Galeano tuvo el raro papel de ser un iniciador de lectores. Unos llegan a sus textos desde la literatura, otros desde el periodismo, otros desde la preocupación social. No es poco este papel: algunos tienen que iniciar a los lectores.

Ricardo Loup

El tambor de hojalata es para mí el non plus ultra de la narrativa del siglo XX. Divertida, sarcástica, delirante, alocada, etc., etc. Creo que instaura una irreverencia en la literatura que antes no había, salvo quizás con Ulises. Y es muy densa por partes. Para mí, es genial de cabo a rabo. El tambor de hojalata es, digo a menudo, la mejor novela que he leído en mi vida; llena de ingenio, ironía y pasajes rayanos en la locura. También considero a Oskar el mejor personaje de la literatura universal. En mi opinión, lo de Galeano va por otro lado, por el lado social, más bien. Un capo, sin duda, pero menos por la literatura en sí.

Agustín Pérez Leal

Elegir un libro de Grass es fácil; de Galeano, no tanto. De Grass elegiría El tambor de hojalata porque cambió la conciencia que los alemanes tenían de sí mismos. De Galeano, Las venas abiertas... marcó época, pero no es su mejor libro (en mi opinión), así que, si tuviera que elegir uno solo, sería Memoria del fuego. Porque es literatura de alto voltaje y va más hondo y más lejos que el resto de sus libros. Y entre Grass y Galeano, elijo uno de Galeano. Galeano es un continente. Grass es solo un país. Y un país que ya pasó.

Juan Ramírez Biedermann

Elegiría El tambor de hojalata porque pocas novelas han sido capaces de hacerme sentir la desesperada necesidad de ser escuchado o entendido o justificado, y todo gracias a los gritos de Oskar Matzerath.

Mónica Bustos

El tambor de hojalata es una obra maestra de las más importantes de la literatura universal. Es surrealista, grotesca, metafórica, incómoda, genial, brillante, triste, divertida, la leí a los quince años y me produjo reacciones psicosomáticas y hasta ahora cuando tengo fiebre con alucinaciones digo que tengo la enfermedad del Tambor de Hojalata. Adiós pequeño nazi arrepentido, siempre llevaré en mi corazón tus Años de Perro.
Las venas abiertas... son las venas abiertas. Como dijo Galeano, prosa pesada de izquierda tradicional, pero con mucha influencia en Latinoamérica, la obra que lo hizo mundialmente conocido. Para mí no es lo máximo, a pesar de que en mi última novela un chupacabras izquierdista dice que es su libro favorito, pero entiendo totalmente su decisión: a él le encantan Las venas abiertas. Creo que a mucha gente es la obra que le ha marcado; claro que muchos de estos no han leído otra cosa.

Moncho Azuaga

El rodaballo y Memorias del fuego por su universalidad fundacional, su amplia visión antropológica, su belleza experimental y su profunda simbología de cantos universales sobre la condición humana. Creo que no debemos elegir entre ellos, sino sumarlos, porque son dos rostros de nuestra multiplicidad.

Lía Colombino

Los libros de Galeano están entre mis afectos, casi como si fueran gente. De esas personas que fueron parte de una historia y que ya no podrías sacar de tu vida aunque quisieras. Yo podría prescindir de Oskar, sin embargo, en mi historia personal. Así que, literariamente, elijo El tambor de hojalata, de Grass. Pero los afectos, uno no los elije.

Cristino Bogado

Elijo Años de perro (Hundejahre), de Günter Grass. Uno, porque reaparece el tambor de hojalata de niño, que «debe ser el hijo del tendero de ultramarinos Matzerath, que no está del todo bien de la cabeza». Dos, porque define Befreite Hände (peli de 1939 con la actriz del momento, Brigitte Horney) por su «olor a avellanas todavía verdes» cuando Harry y Jenny la ven mientras Harry mete el dedo en el agujero de Jenny para saber si huele como el de Tula –da para contar la historia del cine con este parámetro: ¿a qué huelen Vértigo, Satantango, El espejo, Larga es la noche, Posesión–? Tres, por la desternillante parodia y la burla sangrienta de la jerga de la autenticidad de Heidegger: «precisamente la palabrita existencia se adaptaba a todo: –¿Existe por ahí un cigarrillo? ¿Quién se viene a existir en el cine? Si no te callas la boca en el acto, te existo una. El que estaba enfermo hacia la existencia sobre un costal de paja. El permiso semanal se designaba como pausa de existencia. Y si alguien había pescado a una muchacha, se vanagloriaba, después de la retreta, de las veces que se había introducido en su existencia». Cuatro, por la moraleja dialéctica negativa final: «Y si no hubiera espantajos, tampoco habría pájaros». Y cinco, por su teoría de la narrativa, hermana de la de Las mil y una noches: «porque mientras narramos historias seguimos viviendo. Mientras se nos sigue ocurriendo algo, con efecto inesperado o sin él, historias de perros, historias de anguilas, historias de espantajos, historias de ratas, historias de crecidas de río, historias de recetas, historias de mentiras e historias de libro de lectura, mientras sigan pudiendo entretenernos historias, ningún infierno es capaz de entretenernos».

León Félix Batista

Elijo a la vez El tambor de hojalata y Las venas abiertas porque El tambor de hojalata muestra inequívoca pero imaginariamente (lo palpable mediante la ficción) la crudeza de la guerra y su azote a nuestra intimidad, porque Las venas abiertas, con razonamientos vestidos de literatura y crónica, iluminó nuestras conciencias sobre los despojos y engañifas con espejitos a los que habíamos sido (y seguíamos siendo) sometidos, y porque son dos modos de arrojar luz de dos cuyas luces se apagaron a la vez.


Hemos tenido el placer de conversar hoy en estas páginas con:


Miguel Méndez. Nació en Asunción en 1975 y vive en Quito. Integró el Colectivo Rafael Barrett y el movimiento Generación de los 90. Ha publicado Allaite (Asunción, El Ombligo del Mundo, 2003) y Todos somos de Gua’u (El Ombligo del Mundo, 2004), entre otros libros. Ganó el Premio de Poesía Rubén Bareiro Saguier 2009 con Guarania del Llanto.


Ricardo Loup. Nació en Asunción en 1986. Ganó el Tercer Puesto del concurso de cuentos Doctor Jorge Ritter, organizado por la cooperativa Coomercipar Limitada, con su relato «La Flecha Guaraní», en el 2013. Figura en antologías como Lascivia Textual (Asunción, 2014).




Agustín Pérez Leal. Nació en Teruel en 1965 y vive en Alicante. Ha publicado Cuarto Cuaderno (Valencia, Pre-Textos, 2001) y La Noche en Arras (Pre-Textos, 2006; Premio de Poesía Gerardo Diego). Figura en antologías como Orfeo XXI (Gijón, Libros del Pexe, 2005) y Jóvenes poetas españoles (México DF, La Jornada, 2007).


Juan Ramírez Biedermann. Nació en Asunción en 1976. Integrante de los grupos de rock Sabaoth y Eyesight. Ha publicado Nobis (Asunción, Fondec, 2007), El fondo de nadie (Lima, Altazor, 2010; mención de honor en el Premio Nacional de Literatura de Paraguay, 2011) y Plegaria de Penumbras (Lima, Altazor, 2011).

Mónica Bustos. Nació en Asunción en 1984. Ha publicado León muerto (edición de la autora, 2003), Complejo de Bustos (ídem, 2004), Chico Bizarro y las moscas (Asunción, Alfaguara, 2010; Premio Augusto Roa Bastos de Novela 2010), Villa Veneno (Asunción, Felicita Cartonera, 2010), El club de los que nunca duermen (Asunción, Alfaguara, 2012) y Novela B (Alfaguara, 2013).

Moncho Azuaga. Nació en Asunción en 1952. Miembro del Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero. Ha publicado Bajo los vientos del sur (Asunción, Alcándara, 1986), Arto cultural (Asunción, Arte Nuevo, 1989) y Pancha Garmendia y Elisa Lynch: El amor en los tiempos de López / Babilonia Sur (Asunción, Arandurã, 2006), entre otros libros.

Lía Colombino. Nació en Asunción en 1974. Integra el colectivo Ediciones de la Ura y coordina el taller de escritura Abrapalabra. Ha publicado Las cavidades ausentes (Asunción, Arandurã / Cuadernos de la Ura, 2000), Proyecto Auricular (audioplaqueta con Javier Palma, 2006) y (lupa) (Ediciones de la Ura, 2009), entre otros títulos. Ha participado en encuentros como el Poetry parnassus en Londres (2012)

Cristino Bogado. Nació en Asunción en 1967. Ha publicado La Copa de Satana (Ediciones de la Ura, 2002), Dandy ante el Vértigo (Jakembó, 2004), Amor Karaíva (Bs. Aires, Milena Caserola, 2010), Contra el fútbol (Okara Japu, 2013) y Puente Ka’í (marzo, 2015), entre otros. Figura en antologías como Neues vom fluss (Berlín, Lettrétage, 2010) y Los Chongos de Roa Bastos (Bs. Aires, Santiago Arcos, 2011).

León Félix Batista. Nació en Santo Domingo en 1964 y vive en Brooklyn, Nueva York. Ha publicado Crónico (Buenos Aires, Tsé-Tsé, 2000), Tour por todo (Barcelona, Las Hojas del Diluvio, 1995) y Burdel Nirvana (Santo Domingo, Taller, 2001; Premio Casa de Teatro de Poesía), entre otros libros. Figura en antologías como Cuerpo Plural (Valencia, Pre-Textos, 2010).

lunes, 8 de septiembre de 2014

UNA NOCHE CON EL EQUIPO DE ARTE




Diego Saravia y Andrés Velaztiqui


EL EQUIPO DE ARTE


Nos encontramos con los miembros del Equipo de Arte en la luminosa y animada noche del barrio San Jerónimo. En realidad, nos encontramos con cuatro de los miembros del Equipo de Arte ‒falta esta vez el quinto, Johny Medina‒: Andrés Velaztiqui, Diego Saravia Ginés, Francisco Franco (sí, como el Caudillo) y Sergio Miltos. Caminamos por las ruidosas calles cuesta abajo y cuesta arriba del barrio y nos metemos por sus estrechos callejones hablando todos a la vez, entramos en el copetín Tía Carmencita, pedimos empanadas y cervezas, nos sentamos en torno a una mesa y seguimos hablando todos a la vez.«La gente a veces supone que si trabajas en arte no vas a poder sobrevivir dignamente, y en realidad hoy hay medios muy diversos de comunicar en los que puedes cumplir una función interesante. Lo que nosotros encontramos es que al formar un equipo podemos acceder a formas de trabajar y vivir del arte en nuestro país», dice Andrés Velaztiqui.Aunque el Equipo de Arte es un equipo versátil, que también trabaja, entre otras cosas, en dirección de arte de fotografía de moda y de fotografía publicitaria, probablemente lo más atractivo de su trabajo está en el cine.«Nuestro equipo se llama Equipo de Arte», cuenta Diego Saravia, «y surge después del trabajo de utilería, vestuario, decoración, elementos de escena, ambientación y escenografía que hicimos en 7 Cajas con los respectivos asistentes ‒porque generalmente un equipo de arte está formado por nueve o diez personas, número necesario para poder ocuparse de todo lo que mueve el trabajo de ambientación, escenografía, utilería de acción, etcétera. De ahí sale, a partir de 7 Cajas, en el 2010, el Equipo de Arte». 



Andrés Velaztiqui entrevistado para este reportaje

LA PARTE INVISIBLE


Es difícil, o imposible, pensar en un lenguaje artístico que no tenga decires ocultos, que sea pura transparencia sin contenidos implícitos, o en una imagen artística sin áreas invisibles que moldeen las formas que se muestran, o en una palabra poética que quepa toda entera, sin residuo matérico o inefable, en su definición. Porque ese fondo secreto es justamente el misterio que seduce en un cuento, en una canción, en un cuadro, en una película.En el caso del cine, que no es pintura, literatura, fotografía, música ni teatro, sino todo eso en una forma que ya no es ninguna de ellas, la fuente del misterio es un concierto de lenguajes formal y metodológicamente diversos que causan al unísono un efecto de cuya trama los espectadores y aun los amantes del cine ignoran muchas veces la complejidad real.La dirección artística de un filme ‒con todo lo que supone, desde la concepción de una propuesta estética en el sentido más vasto y más teórico, hasta su laboriosa concreción en los mil detalles de la utilería, la decoración, el vestuario, etcétera‒ se suele pasar por alto.«Se llama arte», bromea Andrés Velaztiqui, «a algo que salta a la vista, pero no a lo que hace que eso salte a la vista».Se admira a los actores y a los directores, y a veces a los músicos y a los guionistas, pero difícilmente ‒salvo, por ejemplo, en las grandes producciones con efectos especiales muy impactantes‒ al equipo técnico que se encarga de la dirección artística.«Y así tiene que ser», explica rápidamente Diego Saravia, «porque si este trabajo fuera percibido por los espectadores como algo digno de atención, o incluso simplemente si fuera percibido, sería un mal trabajo: esto solo funciona cuando vos no lo sabes». 

Andrés Velaztiqui, Diego Saravia y Merlina Mendoza

CENSURA Y DOBLE DISCURSO


Andrés Velaztiqui y Diego Saravia Ginés son artistas visuales con carreras independientes. Sus respectivas trayectorias son bastante conocidas en nuestro medio. Y prosiguen su curso, paralelo al del trabajo del equipo, por supuesto.Ensayo de la censura, el proyecto en el que Andrés está trabajando ahora, lo que expone «es una fotografía de partes de mi cuerpo desmembrado. Para mí, la censura es un cuerpo desmembrado al que se le cubren las partes íntimas; si en realidad la violencia está metida ya en nosotros mismos, ¿cómo lo que se censura son unos pechos de mujer, o un pene? En una explosión hay violencia aunque nadie muera. Es un cuerpo desmembrado que tiene partes censuradas».En el último trabajo individual de Diego, El doble discurso, serie de cuatro fotos, «cada foto ilustra una forma de doble discurso. Por ejemplo, hay una foto que resume toda la festividad religiosa de la Virgen de Caacupé. No es una foto de la Virgen ni del Monseñor, sino de un puesto de venta de remeras de la Virgen en tamaño pequeño, para los niños, y, al lado, de toallones con figuras de mujeres desnudas. Es toda esa farra que es Caacupé un 7 u 8 de diciembre, farra que en realidad también es un mercado, lleno de gente que camina, escucha música, quiere comprar cosas, quiere comer y beber. Hay como un anillo alrededor de la Basílica que muestra el mercado, la comida, la bebida, los puestos de ropa entre la música reguetonera. Otra foto es la del famoso mapping que se proyectó sobre el Cabildo y comenzó a fallar, de modo que sobre la fachada se leía: No se puede mostrar la página. Esa foto primero se llamó Bicentenario. Todo muy lindo, el patriotismo, la bandera, el Cabildo, los próceres, y justo uno hace clic cuando falla el mapping».

Andrés Velaztiqui y Montserrat Álvarez

FABRICAR ESPACIOS Y CONSTRUIR PERSONAJES


En cine, la dirección de arte plantea y desarrolla una propuesta visual para transmitir lo que el guion encierra. ¿Son las formas, los objetos, las sombras, la ropa un alfabeto capaz de comunicar sentidos? ¿Es posible construir significados con muros, maquillaje, ambientes, muebles? La dirección artística lo hace. Genera la estética característica de una película, y la integra con el aspecto narrativo y con el psicológico del relato. El guion es la matriz de la fabricación del espacio (escenografía, ambientación, utilería) y de la construcción de los personajes (vestuario, maquillaje, peinados).La dirección de arte no es, en rigor, decoración, sino parte del trabajo narrativo como tal. En Buffalo 66, por ejemplo, el poético filme de Vincent Gallo de 1998, la intranquilidad larvada de los personajes se contagia al espectador con penumbra o mala iluminación y con una paleta melancólica, biliosa y sombría en la que predominan los azules y los marrones. Desapercibida, pero decisiva, la dirección artística ha hecho, por poner dos ejemplos muy notorios y a la vez muy distintos entre sí, de los decorados parte de las historias y aun de los personajes de las películas de Tim Burton o de Pedro Almodóvar.En 1902, George Méliès demostró que el cine puede llevarte a paisajes nunca antes vistos y hasta de Viaje a la luna con telas pintadas y objetos de utilería, sin levantarte de tu silla. En 1920, Robert Wiene representó paisajes mentales con los espacios angulosos y quebrados de El gabinete del doctor Caligari, y liberó así a la escenografía de la función mimética. En 1982, con los escenarios de Blade Runner, Ridley Scott hizo que el mundo entero respirara una atmósfera que siempre existirá solo en esa película.Comunicando imperceptiblemente ‒a través de sus objetos de uso personal, de su entorno, etcétera‒, sus gustos, sus hábitos, su carácter, su vida, en suma, la dirección de arte puede hablar de un personaje incluso antes de que entre en escena. La dirección artística en el cine es, desde este punto de vista, la parte más misteriosa de la acción.

Andrés Velaztiqui y Diego Saravia

THE NIGHT IS YOUNG


De todo esto y más seguimos hablando con los cuatro amigos presentes del Equipo de Arte en la noche del barrio San Jerónimo, Andrés Velaztiqui, Diego Saravia, Francisco Franco y Sergio Miltos. De cómo un objeto de uso personal ‒un maletín de cuero repujado de Luque, por ejemplo, en el caso del personaje de un cura español en una película cuyo rodaje acaba de concluir con el aporte del equipo, y que seguramente no tardará en estrenarse‒ puede, sin que lo percibas, de modo tácito, implícito, «invisible», presentarte al personaje mucho más inmediata y velozmente que una descripción explícita.Seguimos hablando, a ratos con vehemencia y seriedad, a ratos entre juegos de palabras, bromas, risas e incluso carcajadas. La noche es joven, y de alguna manera la vida también lo es. Profundamente.Andrés Velaztiqui y Diego Saravia Ginés, artistas con trayectorias independientes fuera del Equipo de Arte, llevan al cine su dominio previo del lenguaje visual para crear ambientes y escenografías y expresar la naturaleza íntima, la psicología y la historia de los personajes utilizando cosas, colores, lugares como elementos con valor semántico ‒que es como el arte los ha entendido siempre‒.No solo eso. Llevan el aporte de su mirada crítica a un espacio compartido, y disputado, por la libertad y la economía, por el arte y la industria, y en él trazan algunas de las líneas que definen el lenguaje audiovisual contemporáneo en nuestro país. Ceden terreno, pero sientan postura. Negocian, pero dejan su marca. Hacen concesiones, pero de vez en cuando ganan secretas batallas. Su impronta subliminal y sus victorias invisibles son parte del relato que nos cuentan actualmente las pantallas. «Nosotros no tenemos una imagen visual. Nosotros no nos reconocemos a nosotros mismos», dice Andrés Velaztiqui. «Por eso, por ejemplo, en utilería, buscamos ciertas cosas en algo que es como un rescate que pasa desapercibido para el espectador, pero que está ahí y que, aunque, obviamente, sea en la ficción, es parte de la construcción de una identidad posible. Aunque sea por pocos minutos, eso que está ahí, está ahí diciendo algo. Queremos rescatar lo que tal vez se perdió, e ir más allá de mostrar las imágenes estándar de las cosas».Se han propuesto hacerse cargo de que la asepsia del, así llamado por uno de los presentes (nadie está seguro de cuál; recuerden que esta noche hablamos todos a la vez, y que además pedimos ya las primeras cervezas al entrar a Tía Carmencita), «ideal Disney» no impida a los paraguayos de carne y hueso ver su ‒o nuestro‒ reflejo en el cine actual de este país. Se han propuesto, entre otras cosas, impedir que también sean excluidos de la ficción todos los mundos vivientes que la realidad margina.
Salud por eso.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/de-censura-creacion-y-libertad-una-noche-con-el-equipo-de-arte-1283283.html

*Este artículo, De censura, creación y libertad: una noche con el Equipo de Arte, fue publicado originalmente en la edición del domingo 7 de septiembre del 2014 en el Suplemento Cultural de ABC. 





miércoles, 10 de julio de 2013

CHARLA DE DAMIÁN CABRERA SOBRE DISGLOSIAS BABÉLICAS


EH, NOS VEMOS EN PLANTA ALTA MAÑANA A LAS 8 Y 30 DE LA NOCHE


Damián Cabrera explicará por qué las interferencias lingüísticas son señales de transculturalidad, por qué a su juicio los sectores más conservadores las rechazan y por qué considera, pese a ello, que encierran interesantes posibilidades creativas. Modera el poeta Cristino Bogado. Mañana, jueves 11, a las 8:30 de la noche, en Planta Alta -Caballero 294 esquina Mariscal Estigarribia.

Montserrat Álvarez