domingo, 14 de noviembre de 2010

A TODA BALA

Montserrat Álvarez Quiero postear pero me sale espuma. No, quiero postear algo porque esto está muy abandonado debido a que soy una persona desordenada y floja, pero justo ahora que quiero postear algo no tengo tiempo right now de escribir alguna cosa larga ni mediana sino sólo algo corto. POEMAS INVOLUNTARIOS: Aquellos que escapan a la decisión y a la consciencia de sus autores. Ilustrando la definición con dos ejemplos: A) Poema involuntario del técnico en computadoras: "No recuerdo dónde olvidé la 'memoria'". B) Poema involuntario de carteles de secciones de aeropuertos: "Pasajeros en tránsito". Sic transit gloria mundi, et caetera, et caetera. La próxima escribo más; lo juro sobre mi cuaderno lleno de inéditos, porque no tengo la Biblia al alcance de mi zarpa hic et nunc. Salu2, ladies & gentlemen, moussieures et mesdames, bitches & jerks, kamaradas en general y pasajeros todos en tránsito aquí presentes.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA HORA DEL DIABLO

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«Despertó a las tres de la mañana sabiendo que eran las tres de la mañana y pensó que había despertado varias veces a esa hora y sabiendo qué hora era sin tener ningún reloj a mano y que a veces había buscado el reloj, verificando que eran las tres, como verificó ahora, aunque no había pensado en esto hasta hoy, limitándose a observarlo sin particular atención ni extrañeza. Encendió un cigarrillo y reflexionó al respecto, pero no se le ocurrió nada interesante. Buscó circunstancias comunes. Uno: despertaba, sin importar si había dormido mucho o poco, con la mente despejada y sin rastros de la somnolencia propia del paso del sueño a la vigilia. Dos: despertaba con la mente limpia como una hoja de papel en blanco, una mente vacante y sin uso. Tres: despertaba sin estado de ánimo alguno, ni bueno ni malo, en disposición ajena al sentimiento, como si nunca hubiera sentido nada, no supiera cómo es sentir algo y no le interesara especialmente el tema. Cuatro: despertaba con un alto grado de energía física latente o potencia en reposo, pero sin la tensión que suele acompañar ese tipo de vitalidad: un cuerpo disponible, listo para algo, aunque sin propósito. Cinco: nada de esto era ni agradable ni desagradable, aunque, de ser forzoso elegir, se acercaría más a lo agradable. Seis: despertaba bruscamente, como por una sacudida eléctrica, un sobresalto, un llamado, un grito, el recuerdo intempestivo aunque oportuno de algo importante que hubiera que hacer precisamente a esa hora y que, por estar durmiendo, podría olvidar. Siete: despertaba en medio de un sueño agitado al que su mente tenía prohibido el acceso una vez despierta; todo intento de evocarlo se estrellaba contra un muro opaco y mudo, siéndole imposible pensar en el sueño del cual acababa de salir. Horas después, ese día por la tarde, conversando con un amigo, le preguntó: “¿Por casualidad te dice algo cierta hora, las tres de la mañana?” Su amigo, mirándole con fijeza, exhaló el humo despacio y luego pronunció con decisión: “La hora del Diablo”. “¿Por qué?”, le preguntó. “Al Demonio le agrada burlarse de Dios. Cristo expiró, salvando al mundo de sus pecados, a las tres de la tarde. La hora más alejada de aquella expiación son las tres de la mañana. Si Cristo murió a las tres de la tarde; a las tres de la mañana, lleno de horrible energía y dispuesto para el Mal, se despierta la Bestia llamada Lucifer”.»
(Desde Panoramaque comenté, hace unas semanas, como se narra en el párrafo anterior, esta recurrente experiencia, no he vuelto a despertar a las tres de la mañana. Ni he llegado a saber el por qué de este fenómeno ni, desde luego, a descartar tampoco de momento que no vaya a despertar a las tres esta madrugada.)

lunes, 1 de noviembre de 2010

MAÑANA!

Montserrat Álvarez
Hey, hey: Ladies & Gentlemen, your antention, please. Mañana, martes 2 de noviembre, a las 7 de la noche, todos a Lillo esquina Malutín. Andrés Velaztiqui expone. El que llega último es looser.



(En la foto, obviamente, yo. Estoy pensando
con un extraordinario nivel de complejidad y
hondura en el fenómeno de la experiencia
estética en general y del arte en particular.)

BARRIO PSYCHO

Barrio Las Mercedes, Asunción
Barrio Las Mercedes, Asunción
Barrio de Asunción
Barrio Las Mercedes

CABAYÚ

Caballo en una calle de Asunción
Caballo en Asunción
Caballo en una calle de Sajonia, Asunción
Caballo en una calle de Sajonia, Asunción







Bajé de mi corcel unos instantes para que podáis verlo en todo su esplendor; es una bestia intrépida.

sábado, 14 de agosto de 2010

MANIFIESTO AVIDA DOLLARS

A) EL ARTE SERÁ EFICIENTE O NO SERÁ

B) QUEREMOS PLATA

El buen gusto burgués creó al fläneur; el mal gusto, al turista. Nosotros somos turistas y nos declaramos tales. El flâneur no hace turismo: habita. No recorre superficies: se hunde en la ciudad, sus calles, bares y noches. Disidente, hijo pródigo de la burguesía, tiene su fuerza de clase activa y hacedora de historia. Pero la historia no entra en nuestra agenda; nos importa lo que haremos hoy. Lo sublime sedujo el buen gusto elitista hasta que al fin se unieron industria, arte y mercado y el mal gusto masivo destrozó al sujeto ilustrado, consciente, culto, para que nosotros disfrutemos sin tonterías del entretenimiento. Del snuff y el diseño industrial y los libros de autoayuda y etcétera, tediosos esnobs de Duchamp a Warhol o Almodóvar hicieron “concepto” sin disfrute, pero nosotros sí amamos la industria porque somos turistas y porque, la verdad, un libro nos aburre más que un Reality Show. Todo posible sueño se resuelve en un único tipo de placer que no nos pide duración ni hondura pero sí variedad, cantidad, zapping, desechar, encender y apagar cosas, ¿y qué nos importa no poder así nunca tocar la realidad con el deseo, o que “al cambiar de canal no cambie nada”? Si para que esto no fastidie basta más velocidad, y la velocidad exige consumir, no contemplar; y si nos identificamos con los famosos sólo en la virtualidad pero no en la realidad, ¿qué nos importa, cuando ellos superan toda realidad en el éxito, que es algo que logran pocos pero que puede ser consumido por todos? Somos turistas virtuales y no flâneurs sudorosos, ¿y qué importa? El flâneur vivió en la época ya muerta del arte inmortal y los grandes sistemas filosóficos, del misterio de las calles a pie y no por internet, ¿y qué nos importa a nosotros que la caminata de ese vagabundo sí fuera real si nosotros vamos más rápido y más lejos con un control remoto, y qué nos importa que lo real sí sea intenso, cuando la intensidad es tan difícil y nuestro placer en cambio es tan fácil y cuando no hay, por fortuna, límites a nuestra capacidad de llenar ojos y oídos, y cuando uno mismo puede ser el programador de sus experiencias con sólo un poco de tecnología cada vez más barata? Y que sean experiencias virtuales, ¿qué nos importa, si lo compensamos con límites extremos de golpes y de efectos? Y aunque lo real sea lo más extremo, ¿quién quiere lo real, si la estupefacción es mucho más accesible que cualquier intensidad? A nosotros lo interesante ya no nos interesa porque nos sabe a poco y nuestra voracidad y compulsión exigen siempre más, exigen lo chillón y hasta lo nauseabundo. Por lo tanto, declaramos en este Manifiesto que desde hoy el arte no dará tiempo a la sensibilidad para que “aprecie” nada sino que deberá golpearla hasta que no sienta. ¿No veis que el público, de un obvio masoquismo; no quiere ser tratado con respeto? Y menos aún el arte. No hay que ser ningún genio para darle al mundo lo que ahora necesita: hay que ser un showman. Todos los deseos al fin se visten igual y así es como hay que tratarlos. ¿Algún aburrido hipócrita finge asco o arruga la nariz? ¿Es que acaso el artista tiene que ser un angelito? ¡Al revés, tiene que ser un empresario! Para hacer arte ya no necesitamos vacuas pomposidades como “profundidad”, “originalidad”, “autenticidad”, “sentido”: sólo necesitamos eficiencia. ¡Desde este momento, el arte será eficiente o no será! Declaramos que será el más aplicado alumno de la diestra escuela estética de la publicidad. ¿Por qué no, a fin de cuentas? Y, por supuesto, basta de todos esos catecismos sobre el “desinterés”.

martes, 3 de agosto de 2010

OTRO SUEÑO -SUEÑO DE CAMINATA

Sueño acerca de qué es la belleza o acerca de por qué se produce la belleza:

Soñé que estaba en una tierra extraña y había perdido la belleza, así que salía a buscarla por las calles esa noche. No podía dejar de andar hasta encontrarla. Tenía que devolver la realidad a las cosas. No conseguir hacerlo suponía algún grave peligro. En cierta esquina, me detuve ante el jardín delantero de una pequeña casa; las plantas tenían flores muy extrañas, poderosamente llenas de luz por dentro y rodeadas de una suave e inquietante radiación en torno a sus pétalos translúcidos, que eran como hojas finísimas de vidrio de colores, aunque de flexible vidrio, y esa radiación que las rodeaba era en parte celeste, en parte lila y en parte de un blanco lácteo. Pensé que había encontrado lo que buscaba, porque ese jardín umbrío podía estar siendo parte de la vigilia o del sueño, de lo real o de lo alucinado, de la locura o de la cordura, pero era lo suficientemente hermoso como para tener una absoluta e indudable realidad. Pensé o entendí entonces: “Sin la belleza las cosas no tienen realidad. La belleza es la base de la realidad en cada cosa. Por eso perder la belleza es un grave peligro: es el peligro de perder la realidad del mundo, la de la vida misma y la del propio yo, y, así, volverse loco”. Supe que era imprescindible recordarlo al despertarme.