martes, 16 de abril de 2013

NORMAS NORMAS NORMAS





—¿Piensa usted que una persona normal podría decirle estas palabras a un joven? —preguntó sir Edward Clarke al acusado, que estaba sentado en el banquillo («Do you think that an ordinarily constituted being would address such expressions to a younger man?»).

—Yo no soy, afortunadamente, una persona normal —le contestó Oscar Wilde («l am not happily, I think, an ordinarily constituted being»).

Montserrat Álvarez

Como dijo enseguida Clarke («lt is agreeable to be able to agree with you, Mr. Wilde»), ese fue el único momento del juicio en el que los dos estuvieron por fin de acuerdo en algo.

Yo también lo estoy. Yes, indeed. Completamente. Por supuesto que ninguna persona normal sería capaz de decir esas palabras ni de escribir como escribía Wilde.




JUST LIKE HEAVEN




JUST LIKE HEAVEN
Concierto en el Jockey Club, martes 9 de abril de 2013

Robert Smith en Paraguay


Noche de martes. Corremos. Los últimos acordes del primer tema. Al fondo, los The Cure. Sí, ellos mismos. Y Robert James Smith, nacido en algún lugar de Lancashire próximo a la fragorosa música del océano, crecido en algún lugar de Sussex y ahora aquí, a unas cuadras de la sucia avenida Eusebio Ayala. Y entre ellos y nosotros, compacta, la muchedumbre. Una parada, varios saludos, compramos cerveza y nos abrimos paso hasta ocupar un buen puesto. Limpia y fluidamente acaba The End of the World y Smith llena de pronto la intemperie con las perfectas palabras de su regalo de bodas:

Whenever i'm alone with you,
you make me feel like I am home again.

¿Cómo un tipo tan raro embruja a tanta gente, gente cuya cantidad implica su falta de rareza? Es que lo ha logrado: ha encontrado la pura forma estética de los sentimientos que puede tener cualquiera. Le ha dado la materia audible que esa forma reclama. Furia, tedio, pena, miedo, risa, asco, amor, devueltos como por gesto mágico a su secreta altura, a su escondida, potente realidad. Y hay en esta canción una emoción tan llena de verdad que al escucharla en vivo el universo entero se confabula como si la cantara:

However long I stay,
I will always love you

Whatever words I say…

Cómo el amplio registro vocal de Smith alcanza (long, words) notas altas con tal vocación paródica sin mermar emociones nada cómicas siempre será para mí de una audacia ejemplar –si cabe hablar de ejemplos de audacia sin que te lapiden, en un mundo como este.
 



Los Cure lo dan todo. Una paliza: tu mente no puede estallar por tres horas sin pausa. O eso creía yo. Un vibrante Inbetween Days, Just Like Heaven, From the Edge of the Deep Green Sea… No haré una lista. Y esa elegía del lector de Wordsworth que quería ser un poeta de verdad, como sus ídolos, pero sin imitarlos, y lo consiguió: la muerte en traje de hit, Pictures of You. Los grandes temas se suceden. La monumental pesadilla de la niñez, A Forest: teclados misteriosos para la trampa del bosque de los sueños. Una armónica y Smith abre Bananafishbone. The Walk camina directo al desenfado de Mint Car. El martes desaparece y surge un viernes hechizado que puedes invocar cualquier día de la semana pronunciando el conjuro del grimorio: It’s Friday I’m In Love.

Lo «gótico» es para muchos el genuino The Cure y temas como Friday I'm in Love son comerciales: puedes estar con los caretas y brincar iluso con Kiss me kiss me kiss me, o con los dark y paleoemos y levitar adusto con Pornography. Mejor estar con un músico que ha dado forma al miedo, la tristeza y la locura, y también al placer, el deseo y la risa de todos. Que ha hecho el postpunk más crudo y urdido los edificios melódicos más complejos, que ha alzado pesadillas en el aire y se ha colado con hits en todas las discotecas, que ha cantado a la dicha de estrenar un coche y al vacío de ser un extranjero en esta tierra, que puede ser dark, punk, new wave y lo que quiera, que empezó apretando quizá un botón travieso de sintetizador y que siguió después con muchos otros, que ha encontrado la belleza en las melodías más pop y que, al cabo de todo, ha creado una música que ya no suena como ninguna otra. 

 


Nunca había visto a The Cure en vivo, pero la actual formación toca en acuerdo musical casi simbiótico: no sé qué podría mejorarse en ella. Creo que nada. Un feliz detalle: proyectan las siluetas de los Cure en las pantallas gigantes, con la sombra de Smith y su pelo moviéndose en primer plano. El repertorio sigue. La voz de Smith, locamente expresiva en vivo, canta Cold. The Hanging Garden. Y el buen amor de los gatos impone el ritmo burbujeante de The Lovecats, cuyo espíritu juguetón, pop hasta el karakú, prosiguen The Caterpillar y Close to Me. Acelera la fiesta la urgencia erótica de Hot Hot Hot!!! y la chispa de Let"s Go to Bed y Why Can"t I Be You? Y todo se desata, se desabotona, se desencorbata y se desencadena porque entonces Smith, con la doliente ironía de sus tensos quiebres vocales dramática, sarcásticamente torturados, en medio de ese ritmo desenfrenado y de esa melodía luminosa, recita el viejo y salvaje abracadabra, las conocidas e infalibles palabras mágicas:

I would say I'm sorry
If I thought that it would change your mind…

Un tema gamberro, un tema de joda, un tema de juerga, un tema trivial… que digan lo que quieran. Un tema perfecto. Consumado. Triunfante. Complejo en la emoción, puro en la fuerza, lapidario en la forma, síntesis de todas las crisis donde caben las mil contradicciones vitales de un espíritu viviente, el vigor y la duda, lo irreparable y la gracia, la ironía y la pena, el dolor y el ingenio, el fúnebre flashback de los grandes errores y la firmeza basáltica de la verdad del amor, y que hace bailar hasta a un cadáver, sí, también, muy cierto. Y qué.


 


El rostro de Smith es maduro, hasta viejo, pero por algún motivo no cabe decir lo mismo de su voz ni de su firme interpretación excéntrica. Cualidad insólita –antinatural, stricto sensu. Creo que quizá sea que en este Smith sigue el otro. El raro que leía a Dylan Thomas en Crawley. El raro al que echaron del colegio por ser una «influencia indeseable». Por eso el mismo Smith sigue raro, como antes, grabado ya para siempre en la memoria de varias generaciones. Smith ha marcado el arte y el pensamiento actuales y verlo es recuperar las maneras escénicas precisas, la voz tensa y quebrada, la belleza y la pasión de lo que quedará cuando todo lo demás haya pasado. 

 Llegamos a 10:15 Saturday Night, punteo de la canilla que gotea y del tic tac del reloj en la guitarra, tensa claustrofobia del sábado en el que esperas que suene el teléfono y un amigo te saque de ahí, y en el fondo esperas algo que te saque de ti, de tu soledad, tu terror, tu angustia, cotidiana, inconfesable espera del sentido final de la existencia, de lo que se anhela aunque se teme y aunque quizá no exista, espera oscura de Dios, monótona y terrible espera de Godot.

Se presiente el final y ahora el concierto me parece terriblemente breve, y lo es aunque no lo sea. No quiero que termine. Killing an Arab cierra la noche. Tema, como sin duda ustedes saben, censurado por xenófobo. Censura paradójica, a mi juicio: el tema habla, justamente, de ser un extranjero en todas partes. De lo que habla Camus en El extranjero, a una de cuyas más célebres escenas alude su lector, Smith, con el título Killing an Arab (y no a que hubiera que matar a un árabe). Es uno de los horribles problemas de este mundo del ort***: nadie lee; ¿cómo saber entonces cuánto entienden realmente los demás de lo que haces y dices? Pero no voy a enfurecerme ahora. Lo dejo para la próxima.


 

Lo dejo para la próxima porque en este mundo horrible e iletrado no es fácil ser Robert Smith y él lo sigue siendo. Porque no es fácil ser miembro de The Cure y dar forma a su música y ellos lo siguen haciendo. Porque, sean temas negros y abisales o punkpop juerguista, todos suenan The Cure. Porque cuando eran un grupo punk antes de llamarse The Cure ya eran muy distintos, y porque los han clasificado de mil formas pero su sonido y su originalidad los han hecho inconfundibles desde el primer día.

Porque dieron un concierto totalmente perverso, brutal, de enorme elegancia, y porque en él respiré la atmósfera oscura y con relámpagos de alegría psicótica que The Cure sabe montar. Porque hacer historia no es una costumbre propia de las personas normales, pero Smith nunca ha sido un tipo muy normal.

Y ha demostrado que es un completo anormal durante tres horas en las cuales fue fulminante sentir la intensidad de esa música en vivo en su propia voz. Robert Smith siempre me había parecido raro y el martes al fin lo vi en directo. Y confirmé en vivo la energía del bajo, que marca los acordes de las melodías de modo tan The Cure y da firmeza vertebral a la composición, y los riffs y los pedales chorus de la guitarra Cure, y lo absurda y monstruosamente arrollador y vasto de esa colección de hits que puso desde el comienzo al público en celo y aullando por más.

A veces puedes ver con alegría que tienes mucha suerte de estar vivo. Y de pasar en el momento justo por una de las pocas esquinas iluminadas de las calles del tiempo y del espacio. Si estuviste ahí, este concierto, cada vez que suene uno de estos temas, te volverá a erizar toda la piel. Yo, por mi parte, literalmente necesitaba escuchar ciertas canciones en vivo. No diré cuáles: sé que cada quien tiene las suyas. Pero sí diré que la noche del martes recibimos una ración generosa de lo mejor de la vida. Just like heaven.

  

 


lunes, 25 de marzo de 2013

LA MASACRE DE CURUGUATY. HOY A LAS 19:30 EN LA PLAZA ITALIA


Julio Benegas lanza esta noche de lunes, 25 de marzo, a las 19:30, en la Plaza Italia, entre 14 de mayo y Rodríguez de Francia, LA MASACRE DE CURUGUATY. Un libro que explica y documenta a cada paso, con las debidas fuentes y los debidos datos, el mecanismo causal que está debajo de lo irreparable, de la desesperación y de la muerte. Un mecanismo que responde a intereses que tienen nombres propios, nombres que constan todos, también, en este libro. Pero un mecanismo tan vulgar y tan zafio, tan craso, tan banal, tan burdo y, en última instancia, tan irrelevante, que es quizá la parte más triste de la tragedia. El libro de Julio es un reportaje minucioso y bien documentado y al mismo tiempo una obra literaria que recoge los detalles del clima y el escenario, los hábitos y los gestos que componen una atmósfera y las voces de los que vivieron y también de los que murieron en la Masacre de Curuguaty. Un libro tan oportuno como necesario y que nos recuerda que hay que actuar, pero también escribir; que es la unión de hechos y palabras la que hace la historia; que sin palabras los hechos no se inscriben en lo real ni lo marcan con aquello que perdura, y que sin hechos las palabras no son reales.





Hoy, pues, lunes 25 de marzo, a las 19.30, en la Plaza Italia, 14 de mayo y Rodríguez de Francia, nuestro lugar es al lado de Julio y LA MASACRE DE CURUGUATY, resultado de cuatro meses de investigación y otros tantos de elaboración que hay que saludar dentro de algunas horas, celebrar, leer, pensar y difundir. Participarán con lecturas de la obra Ana Mello, Tesa Rivarola, Rebe Lemos, Paola Ferraro, Rubén Flecha, Cintia Martínez (Bonzai), Laura Marín, Lord Nelson Viveros y nuestro viejo amigo el Conde Carlos Bazzano. De poner el soundtrack a cuantos disparates digamos y hagamos esta noche, y que aún no puede saber, es decir, del delicado oficio de dar banda sonora al guión de lo impredecible, se encargará Rubén Romero, alias Nebur. Y hablaremos acerca de este libro Paulo López y Yo, o sea, Dama Satán, o sea, Montserrat Álvarez. Saludos y hasta ahora mismo.

 .

jueves, 14 de marzo de 2013

LAS AVENTURAS DE PONTÍFEX


Otra brillante idea comercial de las muchas que a diario tengo, solo que esta al fin me dará millones de $$$: “Las aventuras de Pontífex”. Va de que el expapa se pone a carburar a qué dedicarse ahora que está jubilado de su sacro ministerio y decide cultivar los grandes clásicos de la senectud. Y empieza por el más tradicional: sentarse en una plaza a dar de comer migas a las palomas. De lo que le pasó a la Virgen María con uno de esos simbólicos pajarracos de la paz, se acuerda cuando ya está en una banca de plaza, igual que cualquier geronte anónimo, arroja que te arroja migas de hostia (claro, ya sin consagrar) a colúmbidas urbanas, y entonces recibe una feroz sorpresa: una de las palomas es en realidad el espíritu non-sancto, y es una paloma fea, negra, piojosa, con piercings hasta en el pico y cara de drogadicta, y con una cresta punk de gallo ochentoso, y otra es el plumífero representante del Bien, y esta es tan linda que parece el pajarito del twitter en 3D, y las dos a la vez le dan superpoderes al expapa, que se raya y se divide en el Vicario del Mal, o sea Ratzinger-Z, y el Vicario del Bien, o sea Pontífex. Ambos superclérigos se convierten, onda Jekyll y Hyde, en archienemigos, y empiezan las megataquilleras y jigafascinantes aventuras por las cuales, a partir de ese momento, el destino de la especie humana, la lanar, la aviar, la bovina, la porcina y la ansar y de todas las especies y los seres del planeta, desde los primates catarrinos popularmente llamados cercopitecos hasta los protozoos plasmódromos rizópodos vulgarmente motejados con el barriobajero alias de foraminíferos, depende por completo de Pontífex. Mi equipo de asesores no ha pensado aún en detalle el vestuario, pero, por ejemplo, para Pontífex, yo voto por una aureola láser, y además le daré un superpoder que va a llamarse LA MANO PAPAL y que consiste en que, cada vez que te bendice con ella, te convierte en un mentalmente lento, looser y babeante zombi. Creo que LA MANO PAPAL será considerada por la crítica cinematográfica internacional uno de los hallazgos de la película, porque no solo es un hábil recurso narrativo sino que, sobre todo, es muy realista. Pero volvamos al guión. Mientras tanto, en el Vaticano se hace la luz y se decide que nada de argentinos, Francisco I se convierte en Paco, lo nombran el cocinero de las pizzas eclesiales y los demás combinan cuándo les queda bien hacer “Habemus Papam” y agendan otro cónclave. Ahí reparan que ahora la gente piensa que el abuso sexual de menores es el pan nuestro de cada día para el clero y que algunos hasta creen que de eso hablan los curas cuando dicen "el pan nuestro de cada día dánosle hoy", así que, como con tanta sodomía y gomorrada que han ventilado de ellos tienen mala imagen hasta en el quiosco donde se vende choripán, pochontó y naco en las afueras de Guayabi’í del Mberuguazú, los cardenales deciden que ya no les conviene encerrarse todos juntos y en secreto, no vaya a pensar el vulgo que allí adentro se están montando una orgía, y acuerdan que todo tenga la trasparencia propia del mundo actual, tan ajeno a la noción de privacidad. De modo que entran a la Capilla Sixtina con sus blackberris y se pasan todo el cónclave alzando fotos in situ desde el móvil en sus muros del feisbuk, y arman de una y sin corte el primer cónclave de la historia apostólica y romana con voto popular y opción de mensajear “Gana Fulanito Papable favorito” al asterisco 574527 desde tu celular, y dejo aquí mismo de contar mi guión a los cuatro vientos mientras no haya firmado un contrato y registrado todo en el coso ese de derechos de autor, no sea que se me adelante algún plagiario y me robe el Óscar; por lo tanto, me callo, chau y amén.



¿Qué están fumando ahí adentro?




lunes, 25 de febrero de 2013

SI NO IGNORÁSEMOS TANTO, NO ESTARÍAMOS TAN TRANQUILOS


Este post viene a continuación del anterior como una especie de complemento lateral, o, en el peor de los casos, de efecto colateral.

SI NO IGNORÁSEMOS TANTO, NO ESTARÍAMOS TAN TRANQUILOS. NI TAN QUIETOS

Aquí entre nos, a mí me da corte hablar de “política”.

En parte, sé que es solo un rasgo mío, por ser yo una persona despistada en un grado extremo y anormal, y poco afín a los diversos temas que conciernen a la "realidad".

Pero creo que en parte esta incomodidad es la de toda una época, o la de toda una etapa de la cultura: una etapa en la cual la consciencia se ha vuelto, necesariamente, una consciencia angustiada.

Porque, si viviéramos en una pequeña aldea “primitiva”, los intereses que están detrás de los hechos serían evidentes. (Ejemplo tonto: cualquiera tendría claro que “Trucutú mató a Yogurtu para quedarse con todas las cabras de Peloncha, que había dicho que se las repartieran”.) Pero en nuestro mundo, grande y complejo, no lo son.

Y como es tan grande, cada vez hay más hechos que no conocemos por nosotros mismos, sino por los diarios y la tele.

Y en los diarios y la tele: A) no hay relación entre las “noticias” y la historia que las precede y enmarca, o el contexto actual del que son parte. Y B) lo que no importa dura más que lo grave. Y C) los hechos parecen no tener nada que ver con nada que pueda servirnos de indicio para entenderlos mejor. Ni D) tampoco parecen estar relacionados entre sí de ninguna forma que tenga sentido.

La prensa, en este mundo demasiado complejo y grande para ver las cosas de una ojeada y para conocer lo que pasa por uno mismo, es el único modo de enterarnos de cosas muy importantes.

Y en la prensa los hechos son entidades fortuitas. Lo que los hechos integran, o sea, la realidad, aparece, por lo tanto, como algo ininteligible e inexplicable.

Y tan poco sabemos, y tan incierto sería decidir algo sobre este endeble suelo, que, si tuviéramos que actuar, sería fácil mandar sin querer, por desinformados, al fondo del water todo lo que en este mundo puede tener algún valor, para que otros jalen la cadena.

Uno sabe que no sabe del todo lo que sucede, ni por qué. Uno siente que todo lo que pasa depende de factores desconocidos e incomprensibles para uno. Uno podría creer que es impotente para entender el mundo en el que vive. Uno podría creer que así le es imposible orientarse y actuar. Uno podría preferir no actuar. Uno podría no querer pensar en lo que supone que no logrará nunca entender bien.





REBUZNO PROPIO

Ayer alguien usó, al comentarme un post, la frase: “Nuestra América...”

Yo hablo por mí, no por América. Y será suya, no mía. Y me da igual si es usted americano, surafricano, esquimal o belga. Y lo que más me fastidia es que ese tipo de frase le gusta a unos y no a otros, y que esas divisiones no son mías, y no las entiendo ni me interesan. Nada dicen de usted ni de mí como individuos. Tiñen lo que se dice con ideas que ignoro. Las frases que sintonizan con tal o cual postura que no es mía, las expresiones tomadas de discursos ya existentes y que no son míos, traen consigo supuestos que ni sé bien cuáles son ni tienen que ver conmigo, y si usted, señor, señora, señorita, niño, niña, está leyendo esto, espero que no solo no tengan que ver conmigo sino tampoco con usted, al menos no aquí y ahora, o sea, mientras me lee. Todo lo que se dice se dirige a alguien, y esto también, pero ese alguien aquí no tiene una postura u otra sino cualquiera, y sea quien fuere usted, facho, zurdo, de izquierdas o de derechas, presuntamente culto, o ignorante, yo me dirijo a usted como individuo.

Mire, yo soy poeta. Eso no es tener un número equis de libros publicados, ni de premios ganados, ni de reseñas en la prensa, ni de nada. Es tener que buscar uno durante toda su vida sus palabras. Y, por ende, tener uno, dentro de lo que humanamente cabe, un postura propia. Individual. Le hablo de la soledad en el mejor sentido. En el de, entre otras cosas, por ejemplo, no utilizar palabras ni discursos de otros para “pensar” ideas que no pueden sino ser, también, de otros.

VENGA, ANÍMESE A PENSAR, NO SEA GALLINA

Señor, señorita, niño, lector de cualquier pelaje: mire, yo no sé nada de política, porque soy una persona anormalmente alejada de la "realidad", anormalmente despistada y anormalmente lenta para la empatía en el trato social y, como parte de eso, para la comprensión –que aún no tengo– de los hechos sociales y, en general, del comportamiento humano. Y encima tampoco soy una persona astuta, que "pesque" lo que se mueve en los juegos del poder. Estos temas son los más ajenos a mi naturaleza. Una vez, como se supone que tengo buena pinta y que cuando quiero me porto como gente, y mi padre tenía un amigo diplomático, recibí la propuesta de serlo yo también. El amigo me preguntó qué creía yo que movía a los diplomáticos a elegir su carrera. Como su mayordomo nos trajo un brandy de primera, un café de película y unos chocolates adictivos, y el tío tenía una pinacoteca estupenda, y yo nunca lo veía pegar golpe, respondí: "Las ganas de vivir bien sin trabajar, supongo". (No se me ocurrió que otra persona podría haber tomado esto a mal; mi única intención había sido contestarle con exactitud.) Él se quedo callado y luego dijo: "Hum. Lo tienes claro. Eh... Lo malo es que, justamente por tu forma de responder, creo que esta carrera tal vez no sea la mejor para ti". No entendí por qué dijo eso y me olvidé del asunto. Lo he entendido hace poco, por asociación de ideas a raíz de un papelón mío reciente, y solté una carcajada, pues es una buena réplica. Me llevó años reírme de la ingeniosa respuesta del cuate de mi viejo. Eso es ser lenta. Señor, señora, señorita, niño, niña: lo más probable es que usted no lo sea tanto.

En suma, no sea gallina: si yo, que entiendo de política mucho menos que las personas normales, que tengo una falta de afinidad prácticamente autista con la realidad política (aunque solo sea porque es eso, “realidad”), puedo intentar pensar sola, o sea, libremente, qué es lo que está pasando, entonces usted, señor, señora, señorita, niño, niña, lo puede hacer también, y con algo de suerte lo hará mucho mejor.

SI MIRA USTED A OTRO LADO, NO ESTÁ SIENDO EGOISTAMENTE ASTUTO: ESTÁ USTED HACIENDO EL TONTO

Tan poco, en fin, entendemos de todo lo que sucede, que podría pasársele a usted desapercibido lo que es contrario a sus propios intereses. No es seguro que, al “no buscarse problemas”, actúe usted conforme a su conveniencia, aun si se ha propuesto ser egoísta de la manera más franca. Y tanto si es usted orgulloso y no piensa tolerar atropellos contra nadie, como si es curioso y no se piensa quedar sin entender nada, como si es egoísta y no piensa dejar que su ignorancia le perjudique en beneficio de otros (y todos somos una o dos de esas tres cosas, o las tres), mirar para otro lado ante lo que sucede, a trescientos kilómetros de su casa o a miles, no le conviene a usted en absoluto. Si mira usted a otro lado, no está siendo egoístamente astuto; discúlpeme la expresión, pero lo que usted está haciendo es el tonto.

Y SI USTED FUERA UNA DE ESAS PERSONAS...

Uno puede vivir creyendo que la muerte de las personas a la que no conoce no es asunto suyo. Uno puede creer que lo único que importa es tener uno su vidita asegurada, su casita, su ollita bien llena, su autito, y que si un asesinato se perpetra a trescientos kilómetros de Asunción, y no le roza ni a uno ni a los suyos, entonces no le incumbe. Y, a pesar de esto, uno puede creerse católico, o cristiano, o vegetariano, o budista zen, e irse a dormir cada noche con la conciencia tranquila.

Si es usted una de esas personas, aunque nunca me lea, también a usted le escribo.



Ermita de Dama Satán



CUANDO HABLO DE PERSÉFONE...

Cuando hablo de Perséfone, y le anticipo la desolación y el desamparo, la incertidumbre y la pena que se apoderarían de todo lo que existe si lo que ahora está pasando siguiera hasta llegar a lo que podría ser su término lógico, no busco con ello “inflar” el puro dato al exceder lo que es el lenguaje en tanto medio de comunicación, sino que busco incluir también en esta historia la parte de ella que casi no es ya comunicable, que el lenguaje no puede ya decir, sino solo indicar mediante viejos símbolos.

Necesitamos aquello que se dice, lo que es, en rigor, claro y comunicable, para entender las cosas que suceden, y, por ende, para sentirnos, y para, en efecto, ser capaces de pensar y de actuar como queremos, es decir, conforme a lo que somos. Y es de eso de lo que le he venido hablando hasta aquí. Ahora añadiré otra cosa, porque eso, lo inteligible, el dato, aunque es imprescindible, no lo es todo.

Aunque huelga decir que no es el suyo el único caso, voy a volver a hablar de Benjamín Lezcano.

LO INCOMUNICABLE

Al desarticularse y desplomarse y chocar secamente con el piso Benjamín Lezcano, pensar que probablemente nadie iba a imaginar lo que en ese momento él sintió y supo, su breve pero infinito infierno, que probablemente nadie lo iba a sentir ni por él ni con él ni en su lugar, y que él ya no lo podría decir nunca, y que quizás ya nadie lo diría, fue parte del horror. Porque en la muerte que te busca y te encuentra y te atrapa en tu casa sin que nadie la pueda detener en medio de la noche se manifiesta algo más de lo que encierra el –sin duda imprescindible– dato en su claridad. Se manifiesta que algo monstruoso está surcando el mundo, algo que mueve hasta a los asesinos; y aplasta entonces tu pecho un peso oscuro, y te toma del cuello brutalmente, como si nunca hubieras sido nadie, una náusea confusa, caótica y sin palabras. Y es, sin embargo, para los demás, una vez consumada ya la muerte, preciso sentir esto, es preciso que sea duro pensarlo, que pensarlo se acerque lo más que quepa a lo que fue en verdad, a lo insoportable, a la iniquidad, a la vergüenza; y al llegar la mente hasta ese punto y tocar el ardor de lo real ya no se comunica, porque una herida sin bordes, y sin adentro ni afuera, es el fin de la razón y la palabra. He ahí lo que excede el dato, lo que esa muerte reclama que no muera, que no sea desconocido e ignorado, que sea revelado de algún modo. Desde la Antigüedad hemos imaginado que las sombras de los muertos, sus espectros, yerran sin paz cuando nada mitiga un horror insondable que se oculta a los sobrevivientes o que las palabras con las que se narra su fin no transmiten, porque es demasiado atroz y eso lo vuelve impensable. Pero eso atroz e impensable que es el fin de la palabra sin embargo sucedió, fue vivido por un hombre, y, porque es horrible, debe ser como si para siempre y desde siempre estuviera pasando. Y es preciso que sea muy penoso, que sea inmundo y amargo pensar en ese momento, pues solo así se puede comprender, y solo al comprender cabe conmemorar. Porque cargar el peso de ese absurdo es parte necesaria del guardar la memoria de quien así perece, la memoria de un hombre que vivió y que murió con injusticia, sin que ni usted ni yo entendamos por qué.

Esa afrenta sin nombre es lo incomunicable. Solo cabe rodearlo, acercarse,  indicar su lugar, dónde se encuentra. Y ahí, en el fondo negro de lo incomunicable, y en ninguna otra parte del discurso, está la verdadera realidad.


jueves, 21 de febrero de 2013

ECUACIONES SIMPLES


Señoras y señores, amigos de todas las esquinas, callejones y barrios de este tercer planeta.

1. MOVIMIENTOS CAMPESINOS

Había una vez dos dirigentes campesinos, Benjamín Lezcano y Vidal Vega, en Paraguay. 
El campo paraguayo está siendo invadido por el cultivo de soja para la exportación, negocio de los latifundistas. Los campesinos que intentan conservar sus tierras no logran cosechar lo que han sembrado porque los agrotóxicos que utilizan estos grandes empresarios dejan el suelo inerte. Así que terminan aceptando que les compren su pequeña propiedad a equis dólares la hectárea, y quizá alguno piense por un momento que podría ser peor y que deberían estar agradecidos. Y se van quedando todos sin tierra ni trabajo. Casi ningún campesino puede ya vivir de su propio trabajo y de su propia tierra en Paraguay. El suelo y el agua se han vuelto venenosos.
Benjamín Lezcano y Vidal Vega, campesinos sin tierra ellos mismos, formaban parte de los movimientos que comienzan a defender a cuantos en Paraguay lo pierden todo junto con su tierra para que prosperen los latifundistas. ¿Y a mí que me importa, si no soy campesino?, podría uno decir en un sano y natural gesto de puro egoísmo. Aun puestos en ese extremo, que no pienso juzgar, de vital misantropía o indiferencia ante los campesinos y cualesquiera otras criaturas humanas, la tierra nos concierne a usted y a mí, y no está yendo a parar a buenas manos. Personalmente, confío más en las manos de personas como Lezcano y Vega.
Vidal Vega, que era, además, un testigo importante de la masacre de Curuguaty, utilizada para enjuiciar a Lugo y, a reglón seguido, darle golpe, de una fucking vez, hace unos ocho meses, fue asesinado hace muy poco tiempo, a principios del pasado diciembre, cuando las bolsas de los supermercados estrenaban dibujos navideños.

MORALEJA NEGRA Y TONTA

Señoras y señores
aunque no lo escuchamos
esto pasa
mientras todos chupamos
en la terraza


2. PARAGUAY PARA DUMMIES
(O sea, fuera de bromas, para gente medio lenta y despistada, como yo)

La multinacional Monsanto cultiva en Paraguay especies transgénicas, sobre todo soja.
Lugo, antes de ser derrocado por el golpe de Estado de Franco hace unos ocho meses, no había autorizado un nuevo ingreso de semillas transgénicas. 
Pocos días después de dar el golpe a Lugo y tomar el poder, Franco autorizó el ingreso de más semillas transgénicas.
La multinacional Rio Tinto proyecta la instalación de una gran planta procesadora de aluminio en Paraguay.
Lugo, antes del golpe de Estado con el que lo derrocaron hace unos ocho meses, se había negado a autorizar la instalación de esa planta sin un estudio previo sobre su impacto ambiental. 
Franco aprobó la instalación de la planta de Rio Tinto a los pocos días de haber tomado el poder mediante el golpe.
El dirigente campesino Benjamín Lezcano se oponía públicamente al uso de transgénicos por parte de los plantadores de soja. También se oponía públicamente a la instalación de la planta de Río Tinto. 
Franco es el actual presidente de Paraguay.
Anteayer, el martes, Benjamín Lezcano murió violentamente acribillado por diecisiete disparos de fusil FAL. 
Lo asesinaron dos desconocidos delante de su casa en medio de la noche.



Goya




3. Y AUNQUE USTED O YO TUVIÉRAMOS UN POCO DE DIGNIDAD...

Dicho sea de paso, como una digresión, los agrotóxicos son... pues eso mismo: muy tóxicos. Los campesinos que se han quedado sin tierra a veces tienen que sobrevivir rociando con ellos los cultivos de los latifundistas a cambio de algún dinero. Para esa triste labor no suelen tener equipo que los proteja, ni cuidarse de no respirar el veneno y de no tocarlo. Quizá no lean los rótulos --no muchos saben leer. Y aunque usted o yo tuviéramos un poco de dignidad y fuéramos a leerles esos rótulos en persona, que es lo mínimo que alguien decente debería hacer, no les servirá de nada cuando sobre sus casas, sus pueblos, sus compañías, caiga una gomosa y fría, lenta lluvia de veneno desde los aviones que con él fumigan los roturados campos de Paraguay.


4. Y SI PERSÉFONE UN DÍA...

Los campesinos viven en el campo. No lo envenenarían. Es su casa. Al cosechar los frutos de la siembra cosechan también con ellos la fiesta y la recompensa, el orgullo y la alegría, porque ese es el premio que desde la Antigüedad brinda la tierra. 
Cultivar es cuidar, entre otras cosas: se cultivan, con ese mismo verbo en español, la mente, la amistad, la tierra y el espíritu. Cultivar la tierra es precisamente lo opuesto a destruirla --o a explotarla, si queréis. 
Pero si tu morada no es el campo, porque eres un gran empresario, poco te importará lo que le pase, mientras no contamine tu casa en, qué sé yo, quién sabe dónde, en Lovaina, Barcelona, Punta del Este, Ginebra, Río, California o Miami, o, en fin, whatever, sea cual fuere el lugar. 
Cada año, desde la Antigüedad, Hades rapta a Perséfone y todo el campo se sume en el invierno. Aguardamos entonces la vuelta de Perséfone, la ampliación de la luz, los vastos horizontes despejados, el brote tímido de las primeras hojas, los estornudos de la primavera. Y Perséfone jamás ha dejado de volver, para júbilo de todos, hombres, dioses y elementos, viento, montañas, agua, barro, plantas y bestias, desde hace miles de años. 
Pero, por algún motivo, los cultivos transgénicos son más resistentes a algunas sustancias; okay, en efecto, no soy precisamente erudita en materia de tecnologías agropecuarias; de cualquier modo, lo que interesa aquí es que con ellos hay que usar una cantidad enorme de agroquímicos. Y eso deja cada vez más yermos, más estériles los campos. 
Claro, por el momento aún se los resucita con dosis masivas de fertilizantes. 
Pero pensad en lo que pasaría si, alguna vez, lo que siempre sucedió no sucediera. Pensad en el abandono, en el miedo y la extrañeza. Pensad en la hostilidad muda de todas las cosas. Pensad en el horror ante el justo reproche de lo que en otro tiempo fuera bello, vuelto deforme al fin, desconocido, como mutado por una magia negra. Pensad ahora en lo que pasaría si Perséfone, un día, no regresara más...



Montserrat Álvarez