Señoras y señores, amigos de todas las esquinas, callejones y barrios de este tercer planeta.
1. MOVIMIENTOS CAMPESINOS
Había una vez dos dirigentes campesinos, Benjamín Lezcano y Vidal Vega, en Paraguay.
El campo paraguayo está siendo invadido por el cultivo de soja para la exportación, negocio de los latifundistas. Los campesinos que intentan conservar sus tierras no logran cosechar lo que han sembrado porque los agrotóxicos que utilizan estos grandes empresarios dejan el suelo inerte. Así que terminan aceptando que les compren su pequeña propiedad a equis dólares la hectárea, y quizá alguno piense por un momento que podría ser peor y que deberían estar agradecidos. Y se van quedando todos sin tierra ni trabajo. Casi ningún campesino puede ya vivir de su propio trabajo y de su propia tierra en Paraguay. El suelo y el agua se han vuelto venenosos.
Benjamín Lezcano y Vidal Vega, campesinos sin tierra ellos mismos, formaban parte de los movimientos que comienzan a defender a cuantos en Paraguay lo pierden todo junto con su tierra para que prosperen los latifundistas. ¿Y a mí que me importa, si no soy campesino?, podría uno decir en un sano y natural gesto de puro egoísmo. Aun puestos en ese extremo, que no pienso juzgar, de vital misantropía o indiferencia ante los campesinos y cualesquiera otras criaturas humanas, la tierra nos concierne a usted y a mí, y no está yendo a parar a buenas manos. Personalmente, confío más en las manos de personas como Lezcano y Vega.
Vidal Vega, que era, además, un testigo importante de la masacre de Curuguaty, utilizada para enjuiciar a Lugo y, a reglón seguido, darle golpe, de una fucking vez, hace unos ocho meses, fue asesinado hace muy poco tiempo, a principios del pasado diciembre, cuando las bolsas de los supermercados estrenaban dibujos navideños.
MORALEJA NEGRA Y TONTA
Señoras y señores
aunque no lo escuchamos
esto pasa
mientras todos chupamos
en la terraza
2. PARAGUAY PARA DUMMIES
(O sea, fuera de bromas, para gente medio lenta y despistada, como yo)
La multinacional Monsanto cultiva en Paraguay especies transgénicas, sobre todo soja.
Lugo, antes de ser derrocado por el golpe de Estado de Franco hace unos ocho meses, no había autorizado un nuevo ingreso de semillas transgénicas.
Pocos días después de dar el golpe a Lugo y tomar el poder, Franco autorizó el ingreso de más semillas transgénicas.
La multinacional Rio Tinto proyecta la instalación de una gran planta procesadora de aluminio en Paraguay.
Lugo, antes del golpe de Estado con el que lo derrocaron hace unos ocho meses, se había negado a autorizar la instalación de esa planta sin un estudio previo sobre su impacto ambiental.
Franco aprobó la instalación de la planta de Rio Tinto a los pocos días de haber tomado el poder mediante el golpe.
El dirigente campesino Benjamín Lezcano se oponía públicamente al uso de transgénicos por parte de los plantadores de soja. También se oponía públicamente a la instalación de la planta de Río Tinto.
Franco es el actual presidente de Paraguay.
Anteayer, el martes, Benjamín Lezcano murió violentamente acribillado por diecisiete disparos de fusil FAL.
Lo asesinaron dos desconocidos delante de su casa en medio de la noche.

3. Y AUNQUE USTED O YO TUVIÉRAMOS UN POCO DE DIGNIDAD...
Dicho sea de paso, como una digresión, los agrotóxicos son... pues eso mismo: muy tóxicos. Los campesinos que se han quedado sin tierra a veces tienen que sobrevivir rociando con ellos los cultivos de los latifundistas a cambio de algún dinero. Para esa triste labor no suelen tener equipo que los proteja, ni cuidarse de no respirar el veneno y de no tocarlo. Quizá no lean los rótulos --no muchos saben leer. Y aunque usted o yo tuviéramos un poco de dignidad y fuéramos a leerles esos rótulos en persona, que es lo mínimo que alguien decente debería hacer, no les servirá de nada cuando sobre sus casas, sus pueblos, sus compañías, caiga una gomosa y fría, lenta lluvia de veneno desde los aviones que con él fumigan los roturados campos de Paraguay.
4. Y SI PERSÉFONE UN DÍA...
Los campesinos viven en el campo. No lo envenenarían. Es su casa. Al cosechar los frutos de la siembra cosechan también con ellos la fiesta y la recompensa, el orgullo y la alegría, porque ese es el premio que desde la Antigüedad brinda la tierra.
Cultivar es cuidar, entre otras cosas: se cultivan, con ese mismo verbo en español, la mente, la amistad, la tierra y el espíritu. Cultivar la tierra es precisamente lo opuesto a destruirla --o a explotarla, si queréis.
Pero si tu morada no es el campo, porque eres un gran empresario, poco te importará lo que le pase, mientras no contamine tu casa en, qué sé yo, quién sabe dónde, en Lovaina, Barcelona, Punta del Este, Ginebra, Río, California o Miami, o, en fin, whatever, sea cual fuere el lugar.
Cada año, desde la Antigüedad, Hades rapta a Perséfone y todo el campo se sume en el invierno. Aguardamos entonces la vuelta de Perséfone, la ampliación de la luz, los vastos horizontes despejados, el brote tímido de las primeras hojas, los estornudos de la primavera. Y Perséfone jamás ha dejado de volver, para júbilo de todos, hombres, dioses y elementos, viento, montañas, agua, barro, plantas y bestias, desde hace miles de años.
Pero, por algún motivo, los cultivos transgénicos son más resistentes a algunas sustancias; okay, en efecto, no soy precisamente erudita en materia de tecnologías agropecuarias; de cualquier modo, lo que interesa aquí es que con ellos hay que usar una cantidad enorme de agroquímicos. Y eso deja cada vez más yermos, más estériles los campos.
Claro, por el momento aún se los resucita con dosis masivas de fertilizantes.
Pero pensad en lo que pasaría si, alguna vez, lo que siempre sucedió no sucediera. Pensad en el abandono, en el miedo y la extrañeza. Pensad en la hostilidad muda de todas las cosas. Pensad en el horror ante el justo reproche de lo que en otro tiempo fuera bello, vuelto deforme al fin, desconocido, como mutado por una magia negra. Pensad ahora en lo que pasaría si Perséfone, un día, no regresara más...



