sábado, 23 de noviembre de 2013

Q. E. P. D.


ACABA DE EXTINGUIRSE PARA SIEMPRE 
HACE POCOS MINUTOS UN GRAN, 
EXTRAORDINARIO Y BRILLANTE PAN DULCE



Corpus delicti -Montserrat Álvarez: serial eater















Q. E. P. D.


Se sienta, pone en la mesa el pan dulce con nueces, avellanas y almendras que hacen en la panadería alemana que queda en la misma cuadra de la oficina, casi al lado de esta, y, sin hacer aspavientos, segura y totalmente consciente de lo casi escandaloso y en todo caso de lo indudablemente anómalo de un acto como este, se come completo ella sola todo ese gran pan dulce, limpiamente, voluptuosa pero altaneramente, casi con un toque de hostilidad en tal altanería por lo implacable que es. Se lo come a lo largo de unos veinte minutos o media hora, con un café de máquina en una taza descartable también grande, sin darse prisa ni hacer migas. Lo come, evidentemente, con una capacidad fuera de lo común o un apetito superior al del promedio de la gente, lo cual es revelado por el tamaño y peso de lo comido (un pan dulce –excelente, por cierto: apostaría a que es el mejor de Asunción, como ya les he dicho, poco antes de comerlo, a las trabajadoras del local– de un kilo y medio), pero con modales, más que meramente finos, rigurosamente correctos e impecables hasta la absoluta barbarie del fanatismo de la urbanidad y, sin embargo, a pesar de esto, no obstante esto, con aplomo glacial de iconoclasta no lo come en tajadas, sino que lo destripa o lo despanzurra con soltura elegante y gesto sobrio para sacarle primero todas las nueces, almendras y avellanas que tenga (y le ponen muchas, por lo cual vale la pena comprar este, que es el más caro de la panadería e, insisto, sin duda el mejor de Asunción, mientras nadie me demuestre lo contrario), que son lo que más le gusta de ese condenadamente delicioso pan dulce, y así poder comérselas puras una por una, y para apartar y dejar a un lado, antes de tirarlas dentro de la servilleta desechable ya utilizada y plegada con exactitud simétrica, orgullosa y, una vez más, del modo más endiablado y brutal en la altanería, altanera, las frutas abrillantadas, por las que siente el más hondo desprecio. Se come impasiblemente, pues, ella sola todo ese pan dulce de un kilo y medio con perfecta indiferencia y con sincero desdén, de modo realmente impávido, ante las personas que pasan al lado o ante su escritorio y que, disuadidas de todo gesto de censura por la olímpica, y quizá levemente divertida en el fondo, frialdad de su mirada, optan por disimular su desconcierto en general con un gesto discreto o incluso, en algún caso, respetuoso.

ENCUESTA 
Esta encuesta es parte de mi investigación sobre el proceso de los destinos mutantes (esa explicación corresponde a otro, y ulterior, texto), financiada por el Instituto Científico de Arkham, la panadería alemana que está al costado de mi oficina y la Universidad de Miskatonic:

Esta persona:

(a) ¿Se ha tenido que volver ya absolutamente loca para permitirse actuar así?

(b)¿Permitirse actuar así es lo que por ahora le impide volverse ya absolutamente loca?


Poeta Montserrat Álvarez en el infierno damasatánico de la gula



SU RESPUESTA ES, 
digamos, como que medio 
URGENTE









2 comentarios:

charles dijo...

...kilo y medio... jo-der ¿No hay pio una tercera opción a la encuesta que diga '(c)¿practica -con saña- una renovación del arte de yoguis y faquires de engullir más allá de las posibilidades usuales'?

Montserrat Álvarez dijo...

Telepatía, sir Charles: anoche, al dejar el exceso repostero y pasar al alcohólico, recordé el edénico Árbol de la Ciencia, que era en realidad el Arbusto de la Ciencia ("fumaréis y seréis como dioses"), y el antiguo vínculo entre las drogas y la experiencia religiosa, y pensé en si habría otro entre el pecado capital de la gula como algo que abre "las puertas de la percepción" y la experiencia demoniaca; a fin de cuentas, a los niveles extremos en que yo peco, no hay glotonería sino adicción